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Apostasía en la Iglesia Adventista

La iglesia en el futuro
(El teatro de la gracia - parte III)

Mirando hacia el futuro, hacia el triunfo final de la iglesia, Elena de White escribió estas increíbles pala­bras:

"Cristo contempla a su pueblo en su pureza y per­fección como la recompensa de todos sus sufrimientos, su humillación y su amor, y el suplemento de su gloria; Cristo, el gran centro de quien irradia toda gloria" (CBA tomo 4, pág. 1201).

¿Podría haberse imaginado jamás un llamamiento tan elevado para usted y para su iglesia, de ser en rea­lidad "la recompensa" de Cristo, "su herencia", "el suplemento de su gloria?" ¡Qué privilegio tan increíble!

En el capítulo dos Pablo pasa a explicar que Dios ha exaltado a los pecadores en Cristo para "mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús" (vers. 7). Extendiéndose más allá de las eternas edades por venir, Dios señala a las riquezas de la gracia que él ejer­ció hacia la humanidad caída, como la indisputable evi­dencia de su bondad y amor.

Con concisa sabiduría, nacida de la inspiración del Espíritu Santo, Pablo pone delante de nosotros la mis­teriosa maravilla de su divina gracia:

"Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios prepa­ró de antemano para que anduviésemos en ellas" (Efe. 2:8-10).

Aquí vemos por qué el derramamiento de su gracia es una fuente infinita de gloria para Dios. La gracia es una manifestación del carácter divino que nos convence de que el Señor es digno de recibir nuestro más alto honor, nuestra más profunda devoción, nuestra más apasionada alabanza.

¿Qué es exactamente entonces este atributo divino del carácter de Dios que llamamos gracia?

La gracia es la sublime realidad de Dios, quien es infinitamente santo en todos sus caminos; cuya ley requiere perfecta obediencia; Dios, quien por su magní­fico poder puede decir una sola palabra y aniquilar todo lo que ahora existe y comenzar una nueva creación; gracia es esa elección de Dios de perdonar a los hom­bres y las mujeres que se han burlado de su santidad, se han rebelado contra su ley, y han negado su poder.

Gracia es Dios sacrificando su propia felicidad, su propia comodidad, su propia vida, para asegurar nues­tra felicidad, nuestro confort y nuestra vida. No por obligación, sino porque nos ama. No porque lo merece­mos, sino porque quiere dárnoslo. No porque podamos hacer alguna cosa para merecerlo, sino porque su cora­zón anhela nuestro gozo eterno.

Cuando vemos la verdadera realidad de la gracia divina, vemos con nuevos ojos. Vemos el verdadero cua­dro de Dios. ¡Vemos que la gracia es sencilla e increí­blemente maravillosa!

Y una vez que hemos visto su gracia, comenzamos a experimentar su influencia creativa. Habiendo sido sal­vados por su gracia, llegamos a ser un medio transpa­rente a través del cual la verdadera gloria de Aquel cuyo carácter es lleno de gracia se manifiesta. Pablo dice que llegamos a ser "hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras".

Él es el Obrero, nosotros la obra de sus manos.
Él es el Artista Maestro, nosotros su obra maestra.
Él es el Compositor, nosotros su sinfonía.
Él es el Poeta, nosotros su poema.

Pablo es claro, nosotros no somos salvados en virtud de nuestras buenas obras. Más bien, somos salvos por una excelente gracia cuya poderosa influencia crea en nosotros una obra de arte de la reflexión divina. Por lo tanto es Dios, por cuya gracia se lleva a cabo la obra, quien es glorificado por nuestra salvación.

Volvamos ahora a mi pregunta original: ¿Qué es lo que hace que la iglesia sea una parte tan crucial del plan de Dios?

Dios ha elegido a la iglesia -no a un individuo solo, no a un pequeño átomo independiente, sino a un cuer­po organizado- para ser el medio a través del cual él pueda revelar la gloria de su gracia a este mundo y a los mundos no caídos. La iglesia es el teatro en el cual se manifestará la suficiencia del amor de Dios para vencer el mal.

Las siguientes citas ponen el cuadro total en un enfoque completo:

"La iglesia de Cristo, por débil y defectuosa que parezca, es el único objeto sobre la tierra al cual él le dedica, en un sentido especial, su amor y su conside­ración. La iglesia es el teatro de su gracia, en el cual él se deleita en hacer experimentos de misericordia en los corazones humanos. El Espíritu Santo es su represen­tante, y obra para efectuar transformaciones tan mara­villosas que los ángeles observan con asombro y gozo. Los cielos se colman de gozo cuando los miembros de la familia humana se ven llenos de compasión unos por otros, amándose unos a otros como Cristo los amó" (Special Testimonies to Battle Creek Church. págs. 18. 19).

· La iglesia es el teatro de su gracia.
Dios está usando a la iglesia como un laboratorio de experimentación para demostrar el poder transformador de su misericordia sobre los corazones humanos.
· Los logros de la misericordia son tan maravillosos que los ángeles se quedan asombrados.
· Cuando los miembros de la iglesia se relacionan unos con otros con la misma misericordiosa com­pasión con que Dios los considera. las inteligen­cias celestiales se regocijan.

El atributo de su carácter que Dios está más ansio­so de revelar es el que estamos menos ansiosos de emu­lar en la iglesia.

Es su tierna misericordia la que él quiere que veamos en él, y que la manifestemos unos con otros.

Él nos ha salvado a través de su gracia inmerecida, y él desea que nos veamos unos a otros a través de ojos humedecidos con el aprecio de su gracia.

Él usa su amor perdonador para apartarnos del pecado y atraernos hacia él, y quiere que con este mismo amor evangelicemos al mundo.

Ahora sé por qué la iglesia es una parte tan impor­tante del plan de Dios. Ahora sé por qué él es tan paciente con sus debilidades.

Es gracia. Todo a causa de la gracia.

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- Ty Gibson, es director asociado de Light Bearers Ministry que tiene sus oficinas en el noreste de Washington.
- Autor del valiosísimo libro: “Si hay apostasía en la iglesia, ¿Debemos abandonar el Barco?”
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